lole Cuentos para niños de 2 a 10 años
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Pinocho

Carlo Collodi
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Tiempo estimado de lectura: 4 min

Había una vez un carpintero llamado Geppetto, que vivía solo y soñaba con tener un hijo. Un día, talló una marioneta de madera y la llamó Pinocho. Aquella noche, Geppetto deseó con todas sus fuerzas que Pinocho pudiera moverse y hablar.

Cuando amaneció, Pinocho abrió los ojos, estiró sus brazos de madera y saltó del banco de trabajo. Geppetto no podía creerlo.

—¡Estás vivo, Pinocho! —dijo, abrazando al niño de madera.

Geppetto le enseñó a caminar, a hablar y a saludar. Luego lo envió a la escuela, con una manzana y un cuaderno.

Pero en el camino, Pinocho oyó música y vio un teatro de marionetas. Se acercó curioso.

—Ven, Pinocho, entra al teatro, aquí te divertirás mucho —dijo el titiritero.

Pinocho decidió entrar. Pronto estuvo bailando sobre el escenario con las otras marionetas. El público aplaudía y el titiritero le dio cinco monedas a Pinocho.

—Guárdalas bien, muchacho —le dijo.

De regreso a casa, se encontró con un zorro y un gato.

—Tienes muchas monedas, Pinocho. Si las entierras en el campo de los milagros, crecerán árboles llenos de oro —dijo el zorro.

Pinocho dudó, pero pensó que sería bueno tener más para Geppetto. Así que los siguió hasta el campo, cavó un hoyo y puso allí sus monedas. Cuando fue a buscar el árbol, no había nada.

—¡Me engañaron! —exclamó Pinocho.

Triste, caminó por el bosque. De pronto, una voz suave lo llamó.

—Pinocho, ¿por qué no fuiste a la escuela? —preguntó el hada azul, apareciendo entre los árboles.

Pinocho sintió vergüenza y no quiso decir la verdad. Pero en cuanto dijo una mentira, su nariz comenzó a crecer.

—Solo con la verdad tu nariz volverá a ser normal —le explicó el hada.

Pinocho confesó todo, y su nariz volvió a su tamaño. El hada azul lo animó a buscar a Geppetto, que lo esperaba preocupado.

Pinocho corrió hacia la casa, pero al llegar no encontró a Geppetto. Un pajarito le contó que Geppetto había ido al mar a buscarlo.

—Debo encontrar a mi papá —decidió Pinocho.

Se dirigió al puerto y se subió a una pequeña balsa. Una gran ola lo llevó mar adentro.

De repente, Pinocho vio una cueva oscura bajo el agua y nadó hacia ella. Dentro, encontró a Geppetto, que también había llegado allí buscando a Pinocho. Los dos se abrazaron fuerte.

—¡Cuánto te he buscado, hijo mío! —dijo Geppetto.

—Lo siento, papá. Ahora haré todo lo posible para salir juntos.

Pinocho ideó un plan. Esperaron a que una gran ola abriera la entrada de la cueva y, juntos, nadaron hacia la salida, ayudándose uno al otro.

Llegaron sanos y salvos a la orilla. Geppetto, agotado, se recostó en la arena.

Esa noche, mientras Geppetto dormía, Pinocho pensó en todo lo que había aprendido. Entonces, el hada azul apareció de nuevo.

—Por tu valentía y bondad, ahora serás un niño de verdad —susurró el hada.

Pinocho sintió un cosquilleo en todo el cuerpo. Se miró las manos: ¡ya no eran de madera!

A la mañana siguiente, Geppetto despertó y vio a Pinocho convertido en un niño de carne y hueso. Sonrieron y bailaron bajo la luz del sol, mientras los pájaros cantaban cerca de la ventana.