lole Cuentos para niños de 2 a 10 años
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La liebre y la tortuga

Esopo
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Tiempo estimado de lectura: 3 min

Había una vez una tortuga que caminaba despacito por el bosque. Tenía mucha paciencia y siempre llegaba a donde quería, aunque tardara. Cerca de allí vivía una liebre veloz. A ella le gustaba correr y saltar entre los árboles.

—¡Hola, tortuga! —dijo la liebre—. Eres tan lenta, seguro yo podría dar la vuelta entera al bosque antes de que tú llegues al primer árbol.

—Tal vez sea lenta, pero puedo llegar lejos si no me detengo —respondió la tortuga, mirándola con calma.

—¿Quieres hacer una carrera? —preguntó la liebre, moviendo las orejas—. ¡Seguro que te gano!

—Está bien —dijo la tortuga—. Hagamos una carrera hasta la gran roca junto al río.

Pronto, todos los animales del bosque se acercaron para ver la competencia. El zorro dio la señal de salida, y la liebre salió disparada. La tortuga empezó a caminar, paso a paso, sin apuro.

—¡Voy tan adelante! —decía la liebre—. Puedo descansar un poco.

Y así, la liebre se detuvo bajo un árbol y se acostó a la sombra. Mientras tanto, la tortuga seguía caminando, sin mirar atrás.

—Aún tengo tiempo —pensó la liebre, despertando—. La tortuga debe estar muy lejos.

Corrió y corrió, pero al ver a la tortuga más adelante, volvió a descansar junto a unas flores.

—Nadie puede ganarme —dijo la liebre por tercera vez, cerrando los ojos—. Solo un minuto más...

Pero la tortuga, con paciencia, pasó por donde dormía la liebre y siguió su camino. Cuando la liebre despertó, vio a la tortuga muy cerca de la gran roca junto al río.

—¡Espera! —gritó la liebre, corriendo lo más rápido que pudo.

Pero la tortuga llegó primero, tocó la roca y sonrió.

El zorro y los demás aplaudieron. La liebre, cansada, llegó después y miró a la tortuga sorprendida.

La tortuga respiró hondo, se sentó junto a la roca y miró las hojas que caían suavemente sobre el río.

El sol se reflejaba en el agua, y todos los animalitos se acercaron para ver cómo la tortuga cerraba los ojos, feliz.