lole Cuentos para niños de 2 a 10 años
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La Bella Durmiente

Charles Perrault
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Tiempo estimado de lectura: 4 min

Hace mucho tiempo, en un reino lejano, un rey y una reina deseaban con todo su corazón tener una hija. Al fin, un día nació una pequeña princesa. Hubo una gran fiesta en el castillo, e invitaron a todos los habitantes del reino, así como a las hadas buenas.

Las hadas llegaron con regalos mágicos. Una le dio belleza, otra le regaló alegría, y la tercera le ofreció inteligencia. Justo cuando la última iba a dar su regalo, apareció una hada que no había sido invitada.

—¿Una fiesta y yo no estoy invitada? —dijo el hada, mirando a todos.

—Mi regalo es este: cuando la princesa cumpla quince años, se pinchará con una aguja y caerá en un sueño profundo —anunció el hada y desapareció en un destello.

Todos se asustaron. Pero el hada buena, que aún no había dado su regalo, se acercó a la cuna y suavemente tocó la mano de la princesa.

—No puedo deshacer el hechizo, pero sí cambiarlo. Dormirás, pero despertarás con un beso de alguien que te quiera mucho —dijo el hada buena.

El rey, temeroso, mandó esconder todas las agujas y ruecas del reino. Pasaron los años y la princesa creció feliz, sin saber nada del hechizo.

Un día, la princesa, ya cerca de cumplir quince años, recorría el castillo. Subió por una escalera que nunca había visto antes y llegó a una pequeña habitación en la torre. Dentro, una anciana hilaba lana en una rueca.

—¿Qué haces? —preguntó la princesa.

—Hilo lana, querida —respondió la anciana, sonriendo.

—¿Puedo intentarlo? —preguntó la princesa, curiosa.

La anciana asintió y le mostró cómo girar la rueca. Pero, al tocar la aguja, la princesa se pinchó el dedo y, de inmediato, cayó suavemente dormida sobre un sillón.

Al enterarse, el hada buena llegó volando y, para que la princesa no estuviera sola, hizo que todos en el castillo—el rey, la reina, los cocineros, los guardias—también se durmieran. Unos pájaros se posaron en las ventanas y el jardín se cubrió de rosas espinosas, ocultando el castillo por completo.

Pasaron los años. Los árboles crecieron y las rosas cubrieron el castillo, hasta que casi nadie recordaba a la bella princesa.

Un joven que oía historias del castillo escondido decidió buscarlo. Caminó por el bosque, apartando espinas y ramas.

—No me detendré —decía cada vez que encontraba una barrera de rosas.

Finalmente, llegó al portón. Lo empujó y entró. Todos dormían: los cocineros, los soldados, el rey y la reina. Subió la escalera de la torre y encontró a la princesa dormida.

—Te encontré —susurró el joven, y tocó suavemente su mano.

En ese instante, la princesa abrió los ojos. En todo el castillo, las personas despertaron. Los pájaros cantaron, las cocinas repicaron y las campanas sonaron alegres.

Aquella tarde, la princesa salió al jardín, tomó la mano del joven y juntos rieron bajo la luz del sol. El castillo volvió a llenarse de vida y alegría.

Cuando llegó la noche, la princesa miró las estrellas brillar desde su ventana, mientras las rosas del jardín se mecían suavemente con el viento.