lole Cuentos para niños de 2 a 10 años
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El león y el ratón

Esopo
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Tiempo estimado de lectura: 3 min

En una gran selva, bajo el sol y la sombra de los árboles, dormía un león. Su melena suave se movía con el viento. De pronto, un pequeño ratón salió corriendo y, sin darse cuenta, pasó justo por encima de la enorme pata del león dormido.

El león abrió los ojos y atrapó al ratón con una sola garra. El ratoncito temblaba.

—¡Por favor, no me hagas daño! —chilló el ratón—. ¡No quería molestarte! Si me dejas ir, te prometo que un día te ayudaré.

—¿Tú ayudarme? —rugió el león, divertido—. Eres muy pequeño para ayudar a un león como yo.

—Tal vez algún día lo veas —dijo el ratón, mirando al león con esperanza.

El león pensó un momento y soltó al ratón. —Corre, pequeño, y no vuelvas a molestarme —dijo, y volvió a echarse bajo la sombra.

Pasaron los días y una mañana, mientras el león caminaba por la selva, no vio una gran red escondida entre las hojas. De pronto, ¡zas! Quedó atrapado. Se agitó y rugió fuerte, pero la red era resistente.

—¡Ayuda! —llamó el león—. ¡Estoy atrapado!

Los animales escucharon al león, pero nadie se atrevía a acercarse. De repente, el ratón apareció entre los arbustos.

—¡No te preocupes, león! —chilló el ratón—. Yo te ayudaré.

El ratoncito corrió hasta la red y empezó a roer con sus afilados dientecitos. Masticó y masticó, haciendo agujeros más grandes, hasta que la red se rompió. El león salió despacio, libre al fin.

—Gracias, pequeño ratón —dijo el león, inclinando la cabeza.

—Te lo prometí —respondió el ratón, sonriendo.

El león y el ratón se miraron y, sin decir más, caminaron juntos un rato bajo los árboles altos.

Las huellas del león y las pisadas chiquitas del ratón quedaron marcadas en la tierra, lado a lado, hasta perderse entre la hierba verde.