lole Cuentos para niños de 2 a 10 años
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El mago de Oz

L. Frank Baum
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Tiempo estimado de lectura: 4 min

Dorothy vivía en una pequeña casa de madera, en medio de los campos, junto a su tía, su tío y su perro Toto. Un día, un viento muy fuerte comenzó a soplar y, de pronto, la casa entera salió volando con Dorothy y Toto adentro.

Cuando la casa aterrizó, Dorothy abrió la puerta y vio un lugar lleno de colores, flores y caminos brillantes. Dos personas la esperaban: una amable señora de vestido blanco y una pequeña multitud de habitantes alegres.

—Bienvenida a la tierra de Oz —dijo la señora—. Pero para volver a casa, deberás pedir ayuda al Mago de Oz, en la Ciudad Esmeralda. Solo él puede mostrarte el camino.

Dorothy tomó el camino de baldosas amarillas, con Toto corriendo a su lado. Al poco andar, encontró un espantapájaros que parecía triste.

—Hola, Dorothy. Yo no tengo cerebro. ¿Crees que el mago me daría uno? —preguntó el Espantapájaros.

Dorothy lo invitó a caminar juntos. Más adelante, oyeron un sonido entre los árboles y vieron a un hombre de hojalata, inmóvil y oxidado.

—¿Podrías aceitar mis articulaciones? —pidió el Hombre de Hojalata—. No tengo corazón. ¿Crees que el mago me daría uno?

Dorothy lo ayudó y él se unió al grupo, buscando al Mago de Oz. Pronto, en el bosque, un león saltó sobre el camino.

—¡No me hagan daño! —rugió el León—. Soy muy asustadizo. ¿Crees que el mago podría darme valentía?

Dorothy, el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata, el León y Toto siguieron juntos, animándose unos a otros mientras avanzaban.

Cruzaron campos de amapolas que daban sueño. Dorothy sintió que sus ojos se cerraban, pero el Hombre de Hojalata y el Espantapájaros la ayudaron a seguir.

Finalmente, llegaron a la puerta de la Ciudad Esmeralda. Un guardián de túnica verde los recibió.

—¿Qué buscan en la Ciudad Esmeralda? —preguntó el guardián.

—Queremos ver al Mago de Oz —dijo Dorothy.

El guardián les permitió entrar. Todo brillaba en tonos verdes y las personas vestían de esmeralda.

Fueron guiados ante el gran Mago. Cada uno contó su deseo.

—Regresaré mañana con una tarea —respondió el Mago, oculto tras una cortina.

Al día siguiente, el Mago pidió que trajeran la escoba de una bruja del oeste, que era famosa en todo Oz.

Dorothy y sus amigos se pusieron en marcha, aunque tenían miedo. Al llegar al castillo de la bruja, Dorothy tuvo una idea.

—Si la asustamos, quizá se rinda —susurró a sus amigos.

Los cuatro hicieron mucho ruido y se mostraron unidos. La bruja, sorprendida por el valor del grupo, soltó su escoba y huyó.

Regresaron con la escoba al Mago de Oz. El mago, sorprendido, los felicitó. Pero, de pronto, Toto corrió detrás de la cortina y tiró de ella.

—¡El mago no es más que un hombre común! —gritó el Espantapájaros.

El mago les sonrió y explicó que ya tenían lo que buscaban: valentía, corazón, cerebro... y amistad.

—Solo necesitas confiar en ti —dijo a Dorothy—. Tus zapatos mágicos pueden llevarte a casa.

Dorothy cerró los ojos, tocó los talones de los zapatos y pensó en su hogar. Cuando abrió los ojos, estaba en su cama, con Toto a su lado.

Afuera, el viento se había calmado. Toto se acomodó a sus pies. Dorothy miró por la ventana, donde el sol brillaba y las flores bailaban suavemente en el campo.